GEORGE BEST probablemente el mejor 7 de la historia

 

Bob Bishop, el ojeador de confianza de Matt Busby interrumpió la reunión del manager del Manchester United con sus ayudantes. Llamaba desde Belfast, Irlanda.

-Sera muy importante lo que tengas que decirme para detener la preparación del partido.

-Lo es Matt, tienes que ver urgentemente esto.

-Cuantos años tiene esto?

-Quince

Quince años, “ Los que tenia Duncan cuando llegue a su casa aquella noche” pensó el entrenador. Cuando al fin vio como era el chico de Belfast, comento a los suyos “ Dios creo que encontrado un genio”.

Solo un par de años mas tarde, Busby le dijo a George: “El siete es suyo, Best. Contra el West Bronwich Albion va a ser el titular”. Esa temporada, consiguió seis goles partiendo de la derecha y abrió la puerta a una delantera mágica, con Denis Law y Bobby Charlton, balones de oro como el, y Johnny Aston en la otra banda. Sin cumplir los 18, logro el sueño de debutar con la selección de Irlanda del Norte. Sueño y pesadilla, porque al hacerlo con la camiseta verde del trébol emprendió el camino directo hacia la nada: nunca jugo un mundial.

Pero la magia infinita estaba en poder del melenudo extremo que reunía todas las habilidades del juego: hábil, potente, salía por los dos lados, golpeaba con las dos piernas, acudía al choque con arrojo y remataba de cabeza como si fuera de esos que habitan en la cueva y viven de los balones llovidos.

No solo eso. También ayudaba en defensa y según el mismo confesaba, cuando perdía un balón seguía al defensa hasta recuperarlo, porque no podía soportar que le robaran algo que era suyo: la pelota.

Reuniendo todo eso una noche en Lisboa, Best aniquilo a las Aguilas de Fuego, el mejor Benfica. Uno a cinco con dos goles de George, que destrozo a Costa Pereira, el gran portero e hizo exclamar a alguien que vio el partido: “lo que ha hecho Best es lo mejor que vi en un campo, lo mas genial”. Ese alguien era Pele.

A su llegada a Londres tras la exhibición lisboeta, los diarios recibieron al extremo con el mejor de los bautizos: el quinto Beatle. Por el paso de cebra donde caminaban los cuatro de Liverpool, cruzaba desde entonces, como por la colina el loco, un futbolista irlandés amigo de Van Morrison.

El Benfica de aquel dia mágico volvió a repetir empeño y derrota, en la escalada de Best. Primavera del 68 en Wembley. Con dos de Charlton y otro de Kid, Georgie subía a cuatro el marcador del United para hacerle campeón de Europa. Por fin. Su gol fue el mas bonito y el mas importante. Driblo otra vez a todos, portero incluido, y la dejo en la red ya en la prorroga cuando el choque estaba empatado. Un chico de Belfast, devolvía a Busby, a Faulkes y a Charlton, a Old Trafford, lo que la nieve de Munich les quito aquel dia trágico diez años atrás.

Como los héroes clásicos, Best lo hizo todo pronto, todo joven. Una vez alcanzado la Copa de Europa, Busby pareció haber llegado al techo y, como si de golpe se desinflara, dejo que el equipo campeón desapareciera entre retiradas y traspasos. Sin renovación. Best se lo reprocho al club y el club le ofreció la salida.

Con 26 años decidió retirarse del futbol de elite. En la mejor edad se hizo coleccionista de partidos sin tensión en Estados Unidos, de alcoholes varios y de misses del mundo. Hasta tres.

El mismo lo resumió luego en una frase que le convirtió en campeón de los cínicos. Esa frase la escucho un camarero de hotel que le subió una botella de Don Perignon a la suite donde se solazaba con una de sus conquistas: “De lo que gane, invertí gran parte en coches de lujo, bebida y chicas. El resto simplemente lo malgaste”

¿ Cuando empezó todo, George?. Esa pregunta, que Best se repetía con una sonrisa triste, seguro que le atormento hasta la semana anterior a su muerte, cuando dijo sus ultimas palabras para aquellos que le sigan lo hagan en todo menos en lo que destrozo su vida: esa droga aceptada que se llama alcohol. “No mueran como yo”.

Enterraron sus cenizas junto a su madre en una loma que domina Belsfat. Dicen que cada uno de cada tres habitantes de Irlanda del Norte estuvo allí. Contando los de fuera, medio millón de personas, quizás algo mas.

En la historia del futbol, solo el Gran Torino reunió a tantas personas en un adiós. Juntos cantaron su canción: Georgie You’ve Broken My Heart. Georgie has roto mi corazón. El driblador del infierno ya estaba entre los suyos.

 

Extraido el libro “El futbol tiene música” de Jose Antonio Peton

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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