LA AMATXO ENTRENADORA
¿QUIEN MEJOR QUE UNA PARA EXPLICAR SU COMPORTAMIENTO?

Patricia Ramírez, Psicóloga

Viendo un día un partido escuché a una madre que insultaba a otras madres. Casi sin pensarlo o casi sin darse cuenta, posiblemente esta señora refleja sin mala intención y de un modo perfecto, el comportamiento de los padres -madres- en un partido de fútbol de sus hijos. Probablemente por corrección no escriba que en medio de tanta pasión algún consejo al árbitro también forma parte del éxtasis. Posiblemente no le guste que nadie se meta en su trabajo y casi sin darse cuenta le estará haciendo un flaco favor al niño porque si no llegaba con el papá, ahora a los consejos del entrenador se suman los de la mamá. !Sube a defender! es un mensaje, desde otra parte del campo puede que suene el !baja a atacar!. Casi sin darse cuenta el entrenador o formador (uno que dicen algunos que está para esto), ve a su equipo perdido y despistado, al siete que baja subiendo y a ocho que sube bajando. “¿Pero qué haces Paquito?… ! siete meses de entrenamiento para esto!”. -Mejor que me cambie míster, me duele mucho la cabeza.

Sentimientos de una madre que escribe para otras madres.

“Casi sin pensarlo, casi sin darte cuenta, una fuerza desde el estómago te hace sacar el entrenador que todos llevamos dentro. No me reconocía: “¡sube la banda!, ¡pasa al compañero que está solo!, ¡cuidado con el 7, no le dejéis solo!, ¡sube a defender!”. Estas y otras lindezas salían de mi boca automáticamente, hasta que mi muchacho se interna en el área, esquiva a un rival y ¡¡zas!!:¡¡¡goooooooooooolllllllll!!! Gritos, bravos, hurras, y me sorprendo a mí misma brazos en alto gritando a lo loco. ¿Qué?, ¿cómo?, ¿por qué? ¿Qué ha sucedido? Inmediatamente me recompongo, y a coro con el resto de madres y padres, seguimos comentando las jugadas, analizando al rival, y dando indicaciones a la prole para que se recoloque en el campo.

Sí, lo confieso, ¡¡ha pasado!! El fútbol nos ha arrastrado con esa fuerza oculta que tiene. Y al acabar el partido ya hablábamos de cuándo será el siguiente, de lo bien colocado que estaba fulanito, del toque que tenía menganito, de cómo este robaba el balón o de la velocidad que tenía el otro. Todos expertos, entendidos y muy puestos en el noble arte de entrenar. ¡Madre mía qué peligro!

Esto ha sido sólo el primer partido, no quiero ni pensar lo que pasará cuando vayamos cogiendo el truquillo. ¿Y vosotros?, ¿habéis vivido la pasión del fútbol con vuestros hijos?, ¿lleváis un entrenador en vuestro interior?”

“Tú no eres el entrenador, eres su padre. De ti no necesita que le digas la técnica, ni lo que tiene que hacer, sólo que le apoyes y le preguntes si se lo ha pasado bien.”